Este libro rinde homenaje al fútbol, música del cuerpo, fiesta de los
ojos,
y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más
lucrativos del mundo.
"La tecnocracia del deporte profesional" -escribe el autor- "ha ido
imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a
la
alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.
Por suerte todavía
aparece
en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado
carasucia
que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el
equipo
rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del
cuerpo
que se lanza a la prohibida aventura de la libertad".
Escribiendo este libro, el autor ha querido hacer con las manos lo que
nunca
pudo hacer con las piernas.
Cuando era niño, Galeano quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba
bien, y hasta muy bien, mientras dormía.
Eduardo Galeano. Nació en Montevideo, en 1940. Allí se inició en el
oficio
periodístico publicando dibujos y crónicas en el semanario El Sol.
Entre
1959 y 1963 fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del
diario
Época entre 1964 y 1966. Desde principios de 1973, durante los años de
la
dictadura militar uruguaya, estuvo exiliado en la Argentina -donde
fundó y
dirigió la revista Crisis- y en la costa catalana de España.
A
principios de
1985 regresó a Montevideo, donde actualmente vive, camina y escribe. Es
autor de varios libros, traducidos a numerosas lenguas. Galeano comete,
sin
remordimientos, la violación de las fronteras que separan los géneros
literarios. A lo largo de una obra donde confluyen la narración y el
ensayo,
la poesía y la crónica, sus libros recogen las voces del alma y de la
calle
y ofrecen una síntesis de la realidad y su memoria. En dos ocasiones fue
premiado por la Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura del
Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de
Washington, en
EEUU, por su trilogía Memoria del Fuego. Fue el primer escritor
galardonado
con el premio Aloa, creado por los editores de Dinamarca, y con el
Cultural
Freedom Prize, otorgado por la Fundación Lannan.